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  • ¿Es rentable producir aguacate en México?

    ¿Es rentable producir aguacate en México?

    La rentabilidad del aguacate no puede evaluarse observando cuánto vale un kilogramo en el mercado. Entre el precio que ve el consumidor y el margen que conserva el agricultor existe una estructura económica mucho más compleja, determinada por productividad, calidad comercial, costos, edad de la huerta, financiamiento y capacidad para colocar la fruta en mercados de mayor valor.

    El punto crítico es entender que una huerta puede generar flujo de efectivo positivo y, aun así, ofrecer una rentabilidad insuficiente cuando se contabilizan correctamente depreciación, costo de oportunidad de la tierra, capital invertido, mano de obra familiar y riesgo. Por eso, la pregunta relevante no es cuánto ingresa una hectárea, sino cuánto capital debe comprometerse para obtener ese ingreso y cuánto queda realmente después de remunerar todos los factores utilizados.

    El margen comienza en el costo por kilogramo, no en el precio de venta

    El aguacate es un cultivo perenne intensivo en capital. Establecer una nueva plantación implica invertir antes de alcanzar su capacidad productiva madura, mientras que una huerta desarrollada requiere gastos permanentes en nutrición, manejo fitosanitario, poda, riego, energía, jornales, maquinaria, cosecha y administración.

    Esta diferencia cambia completamente el análisis. Comprar una huerta productiva, establecer una nueva plantación y operar una superficie heredada son tres negocios financieramente distintos aunque produzcan exactamente la misma fruta.

    Los estudios económicos realizados en Michoacán muestran además una característica fundamental. El costo por tonelada puede variar considerablemente entre unidades productivas y las explotaciones con mejores estructuras operativas pueden obtener márgenes muy superiores incluso dentro de una misma región. Una investigación publicada por la Revista Mexicana de Ciencias Agrícolas encontró diferencias importantes entre unidades representativas y señaló que fertilizantes y productos fitosanitarios tenían un peso relevante dentro de los costos variables.

    Por ello, el indicador que debería dominar cualquier evaluación de inversión es el costo económico por kilogramo comercializable. No basta dividir los gastos desembolsados entre los kilogramos cosechados. También deben incorporarse depreciaciones, reposición de infraestructura, administración, costo financiero y costo de oportunidad de la tierra y del capital.

    Una huerta aparentemente rentable puede cambiar de categoría cuando estos conceptos se incorporan.

    La productividad protege el margen, pero la calidad determina cuánto vale

    Existe otro error frecuente. Considerar que producir más toneladas garantiza automáticamente mayor rentabilidad.

    Lo que realmente importa es cuánto cuesta obtener cada kilogramo que cumple con las características necesarias para acceder al mercado objetivo. Un incremento del rendimiento acompañado por mayor gasto, calibres poco atractivos, daños, rechazo o menor proporción de fruta comercializable puede generar poco valor económico adicional.

    Esto explica por qué la rentabilidad debe analizarse desde la combinación de productividad, calidad y precio recibido.

    El precio tampoco es una variable estable. El precio medio rural nacional del aguacate fue de 21,728 pesos por tonelada en 2024, pero las condiciones posteriores muestran la magnitud de la volatilidad comercial que enfrenta el negocio. Durante abril de 2026, el precio al consumidor registró una caída anual de 37.2%, mientras que hacia julio acumulaba 25 quincenas consecutivas con reducciones anuales, con una disminución media de 22.7%. El precio minorista no equivale al precio recibido por el agricultor, pero el comportamiento confirma que construir un proyecto suponiendo precios permanentemente elevados sería financieramente peligroso.

    La huerta competitiva es entonces aquella capaz de conservar margen cuando el precio se deteriora, no solamente aquella que produce grandes utilidades durante los periodos favorables.

    El verdadero negocio consiste en soportar los años malos

    FIRA evalúa los costos agrícolas precisamente mediante variables como rendimiento probable, precio probable, costo total, utilidad por hectárea, costo unitario y punto de equilibrio, además de incorporar análisis de sensibilidad ante cambios de precio, rendimiento y costos. Esa lógica resulta especialmente apropiada para el aguacate.

    Antes de realizar una inversión deberían construirse al menos tres escenarios. Uno favorable, otro normal y uno adverso. El escenario adverso es el más importante porque permite determinar cuánto podría caer el precio, disminuir el rendimiento o aumentar el costo antes de que desaparezca la utilidad.

    También debe distinguirse entre rentabilidad agrícola y rentabilidad de la inversión. Una persona que ya posee tierra, árboles adultos, infraestructura y maquinaria puede generar buenos resultados operativos. Para un nuevo inversionista, en cambio, esos activos deben comprarse y el capital permanece comprometido durante varios años. La misma utilidad anual puede resultar atractiva para el primero e insuficiente para el segundo.

    Finalmente, el canal comercial modifica profundamente el resultado. La evidencia económica disponible para Michoacán ha mostrado que las unidades capaces de colocar fruta en mercados de mayor valor obtienen márgenes superiores frente a estructuras comerciales menos favorables.

    Por lo tanto, sí puede ser rentable producir aguacate en México, pero no porque el cultivo garantice utilidades. Es rentable cuando existe una combinación suficientemente sólida de productividad comercializable, control del costo unitario, acceso a mercados remunerativos y capital capaz de soportar la volatilidad. Sin esas condiciones, una huerta de aguacate puede convertirse fácilmente en un activo costoso que genera mucho ingreso, pero mucho menos rentabilidad de la que aparenta.