Análisis de la producción de aguacate en México durante 2023-2025

La producción mexicana de aguacate atravesó entre 2023 y 2025 un ajuste que no puede explicarse por una reducción de superficie. El volumen nacional pasó de 2.97 millones de toneladas en 2023 a 2.76 millones en 2024 y se recuperó parcialmente hasta 2.79 millones en 2025, todavía 6.1% por debajo del inicio. En contraste, la superficie sembrada aumentó 1.4% y la cosechada 0.9%. El factor decisivo fue la productividad: el rendimiento promedio descendió de 11.74 a 10.92 toneladas por hectárea, casi 7%. El deterioro fue compensado parcialmente por el precio promedio, que aumentó 5.6% y permitió que el valor de la producción de 2025, 59.59 mil millones de pesos, quedara apenas 0.8% debajo de 2023.

La segunda gran característica es la concentración territorial y el reacomodo dentro de ella. Michoacán continuó como centro indiscutible, con 2.03 millones de toneladas en 2025 y 72.7% del total, pero perdió 223 mil toneladas frente a 2023 y 3.1 puntos porcentuales de participación. Jalisco siguió la trayectoria contraria: creció 8.5%, alcanzó 350.8 mil toneladas y elevó su participación de 10.9% a 12.6%. Estado de México permaneció estable, mientras Oaxaca, Durango, Nuevo León e Hidalgo avanzaron desde escalas distintas. A nivel municipal también hubo un relevo: Tacámbaro encabezó 2023, pero Tancítaro ocupó el primer lugar en 2024 y 2025. En este último año produjo 269 mil toneladas, 9.6% del total nacional.

Evolución de la producción nacional

El periodo presenta tres momentos claramente diferenciados. En 2023 se registró el mayor volumen, con 2.97 millones de toneladas. En 2024 la producción retrocedió 7.1%, hasta 2.76 millones, una caída de aproximadamente 212 mil toneladas en un solo año. Para 2025 hubo una recuperación de 1.1%, equivalente a poco más de 31 mil toneladas, insuficiente para regresar al punto de partida. Lo relevante es que la reducción de 2024 ocurrió con una superficie cosechada prácticamente sin cambio: pasó de 253.3 mil a 253.0 mil hectáreas. El ajuste fue, por tanto, principalmente productivo y se reflejó en el descenso del rendimiento de 11.74 a 10.91 toneladas por hectárea.

En 2025 la superficie cosechada aumentó a 255.7 mil hectáreas y el rendimiento apenas mejoró a 10.92 toneladas por hectárea. Esto permitió recuperar parte del volumen, pero confirmó que la productividad seguía lejos de 2023. La señal económica fue más favorable. El precio promedio nacional pasó de 20,212 pesos por tonelada en 2023 a 20,633 en 2024 y 21,339 en 2025. Ese incremento amortiguó la menor producción: el valor total cayó de 60.10 mil millones de pesos en 2023 a 56.98 mil millones en 2024, pero rebotó a 59.59 mil millones en 2025. El sector cerró así con un problema de toneladas por hectárea más que de capacidad territorial instalada.

Distribución geográfica de la producción

La geografía productiva conserva una concentración extraordinaria. En 2025, Michoacán aportó 72.7% del volumen, Jalisco 12.6% y Estado de México 4.7%; en conjunto, las tres entidades concentraron prácticamente 90% de la producción nacional. Si se agregan Nayarit y Morelos, las cinco principales alcanzaron 94.5%. Esta concentración supone que cualquier variación relevante en Michoacán tiene capacidad para modificar el resultado nacional. De hecho, entre 2023 y 2025 la producción del país disminuyó alrededor de 181 mil toneladas, mientras Michoacán por sí solo perdió 223 mil. El crecimiento de otras entidades evitó una contracción todavía mayor.

Jalisco es el caso más claro de ganancia de competitividad relativa. Su producción avanzó de 323.2 mil a 350.8 mil toneladas, aumentó 27.6 mil toneladas y ganó 1.7 puntos porcentuales de participación. Estado de México se mantuvo alrededor de 132 mil toneladas, aunque su rendimiento se debilitó. Oaxaca creció 24.1% y llegó a 22 mil toneladas. Hidalgo aumentó 39.4%, Durango 276.8% y Nuevo León 207.7%, aunque estos últimos continúan representando una fracción pequeña del total. Nayarit ofrece el contraste más delicado: siguió como cuarto productor, pero su volumen bajó 3.8% entre 2023 y 2025, aun cuando su superficie sembrada aumentó de manera muy pronunciada. La competencia territorial, por tanto, muestra un núcleo dominante que pierde algo de peso y una segunda línea de estados con comportamientos cada vez más diferenciados.

Comportamiento de los ciclos agrícolas

El aguacate aparece durante los tres años exclusivamente dentro del ciclo de perennes. Esto elimina una fuente habitual de variación de otros cultivos, porque no existe una redistribución entre ciclos primavera-verano, otoño-invierno u otras categorías anuales. Toda la evolución observada ocurre dentro de una misma clasificación productiva. Por ello, la lectura de los cambios debe concentrarse en superficie, cosecha, modalidad hídrica, rendimiento, precio y localización geográfica, no en desplazamientos entre ciclos agrícolas.

Esta estabilidad hace especialmente visible el problema de 2024. La superficie sembrada prácticamente no cambió y la cosechada se mantuvo casi idéntica, pero el volumen cayó más de 7%. En 2025 la superficie sembrada creció casi 2% y la cosechada 1%, mientras la producción aumentó solo 1.1%. La expansión de hectáreas no fue suficiente para recuperar el máximo de 2023; la principal variable de ajuste siguió siendo el rendimiento.

Diferencias entre riego y temporal

La producción de temporal fue mayor que la de riego durante todo el periodo. En 2023 aportó 1.60 millones de toneladas, 53.7% del total; en 2025 produjo 1.51 millones y concentró 53.9%. El riego pasó de 1.38 millones a 1.29 millones de toneladas y su participación terminó en 46.1%. Sin embargo, el riego mantuvo una productividad superior: rindió 12.89 toneladas por hectárea en 2023 frente a 10.90 en temporal, una ventaja de 18.3%. En 2025 los rendimientos fueron 11.69 y 10.34 toneladas, respectivamente, por lo que la ventaja del riego se redujo a 13.1%.

También existe una diferencia de precio a favor del riego, aunque se estrechó. En 2023 su precio promedio fue de 20,855 pesos por tonelada, 6.1% por encima del temporal; en 2025 alcanzó 21,861 pesos, con una prima de 4.6%. La combinación muestra que el riego genera menos volumen agregado porque ocupa menos superficie, pero conserva ventajas en rendimiento y precio. Aun así, tampoco escapó al deterioro productivo: su rendimiento cayó 9.3% entre 2023 y 2025. En temporal la reducción fue cercana a 5.1%. La oportunidad no está únicamente en ampliar una modalidad, sino en recuperar eficiencia en ambas, especialmente porque las dos cerraron 2025 por debajo de su rendimiento inicial.

Superficie sembrada y superficie cosechada

La superficie sembrada nacional aumentó de 264.6 mil hectáreas en 2023 a 268.3 mil en 2025, mientras la cosechada avanzó de 253.3 mil a 255.7 mil. La expansión, por tanto, fue real pero moderada. Al mismo tiempo, la diferencia entre ambas superficies se amplió de 11.3 mil a 12.7 mil hectáreas y la proporción cosechada respecto de la sembrada pasó de 95.7% a 95.3%. No se trata de un deterioro extremo a escala nacional, pero sí de una señal que adquiere relevancia porque el aumento de superficie no estuvo acompañado por un crecimiento equivalente del volumen.

Las diferencias estatales son mucho más marcadas. Michoacán cosechó en 2025 alrededor de 98.5% de su superficie sembrada, Jalisco 91.9% y Estado de México 94.2%. Nayarit constituye el caso más llamativo: su superficie sembrada subió 57.5% frente a 2023 y la cosechada 22.5%, pero la producción disminuyó 3.8%. En 2025 solo se cosechó 69.4% de la superficie sembrada y el rendimiento cayó a 8.28 toneladas por hectárea. La expansión territorial, por sí sola, no equivale a mayor competitividad.

Rendimiento y productividad por hectárea

El rendimiento es la principal debilidad del periodo. A nivel nacional cayó de 11.74 toneladas por hectárea en 2023 a 10.91 en 2024 y apenas se movió a 10.92 en 2025. Entre las grandes entidades productoras, Jalisco terminó 2025 con 12.07 toneladas por hectárea, por encima de Michoacán, que registró 11.21. Estado de México produjo 10.83 toneladas, Morelos 8.87 y Nayarit 8.28. Veracruz también destacó con 10.87 toneladas. Yucatán presentó rendimientos superiores a 24 toneladas por hectárea, aunque sobre una superficie cosechada de apenas 634 hectáreas, por lo que su productividad no es comparable en escala con los grandes centros productores.

A nivel municipal aparecen referencias útiles de eficiencia a mayor escala. Tuxpan, Jalisco, alcanzó 13.25 toneladas por hectárea en 2025 sobre 1,850 hectáreas cosechadas. Peribán y Los Reyes, en Michoacán, superaron 13 toneladas con superficies cosechadas de 11.8 mil y 7.1 mil hectáreas, respectivamente. En sentido contrario, Tacámbaro ilustra la magnitud de la pérdida de productividad en una zona líder: pasó de 16.92 toneladas por hectárea en 2023 a 11.26 en 2025. Esa caída de 33.5% acompañó una reducción de 37% en su producción. Recuperar rendimiento en los grandes municipios michoacanos tendría un impacto nacional mucho mayor que los crecimientos porcentuales de zonas todavía pequeñas.

Precios y valor de la producción

El precio promedio nacional tuvo una trayectoria ascendente y funcionó como amortiguador de la pérdida de volumen. Entre 2023 y 2025 aumentó de 20,212 a 21,339 pesos por tonelada, 5.6%. Gracias a ello, el valor de la producción cerró en 59.59 mil millones de pesos, muy cerca de los 60.10 mil millones de 2023. Sin el incremento de precios, la reducción de toneladas habría tenido un impacto económico mucho mayor. No obstante, el comportamiento territorial fue profundamente desigual.

Michoacán ofrece la combinación más favorable entre menor volumen y mejor monetización: su producción disminuyó 9.9%, pero su precio promedio aumentó 12.1%, hasta 21,744 pesos por tonelada, y el valor estatal creció 1%. En 2025 concentró 74.1% del valor nacional, incluso más que su participación en toneladas. Jalisco siguió la trayectoria opuesta: produjo 8.5% más que en 2023, pero su precio promedio cayó 12.1%, de 27,765 a 24,419 pesos por tonelada, y su valor disminuyó 4.5%. Nayarit registró el ajuste más severo: su precio promedio bajó de 21,770 a 9,647 pesos por tonelada y el valor de su producción cayó 57.4%. Estas diferencias muestran que ganar toneladas no garantiza ganar valor y que la competitividad económica depende tanto del desempeño productivo como del precio obtenido.

La capital nacional del aguacate

El liderazgo municipal cambió durante el periodo. En 2023 Tacámbaro fue el principal productor del país con 311.1 mil toneladas, ligeramente por encima de Tancítaro, que registró 303.6 mil. La situación se modificó en 2024: Tancítaro pasó al primer lugar con 254.8 mil toneladas, mientras Tacámbaro cayó a 193.3 mil. En 2025 Tancítaro confirmó la posición con 269 mil toneladas, 9.6% de toda la producción mexicana, y un valor de 5.94 mil millones de pesos. Su escala por sí sola supera ampliamente la producción completa de cualquier estado salvo Michoacán, Jalisco y Estado de México.

El liderazgo de Tancítaro, sin embargo, debe leerse como resistencia relativa más que como crecimiento. Entre 2023 y 2025 su volumen bajó 11.4% y su rendimiento pasó de 11.80 a 10.73 toneladas por hectárea. A pesar de ello, el precio promedio aumentó 14.3% y el valor de la producción terminó 1.2% por encima de 2023. Tacámbaro sufrió un ajuste mucho mayor: perdió 115 mil toneladas, redujo su rendimiento 33.5% y el valor de su producción cayó 34.7%. Por esta razón, Tancítaro emerge como la capital nacional actual del aguacate: no porque haya superado su propio máximo histórico del periodo, sino porque conservó mejor su escala productiva y económica frente al deterioro de otros municipios líderes.

Tendencias y desafíos del sector

El cierre de 2025 muestra un sector de gran tamaño, alto valor y liderazgo geográfico muy definido, pero con señales de presión productiva. La primera tendencia es la pérdida de rendimiento nacional: hay más superficie que en 2023, pero menos producción. La segunda es la reducción de la hegemonía relativa de Michoacán, que continúa dominando ampliamente, aunque Jalisco gana participación y fortalece un corredor municipal encabezado por Zapotlán el Grande, Zapotiltic, San Gabriel y Tuxpan. La tercera es la aparición de crecimientos rápidos en Oaxaca, Hidalgo, Durango y Nuevo León, que todavía no modifican la estructura nacional pero muestran nuevas zonas de dinamismo. La cuarta es la enorme dispersión en precios, visible especialmente en la caída de Nayarit y en la capacidad de Michoacán para elevar valor aun con menor volumen.

Las oportunidades de negocio se concentran en cerrar brechas de productividad y capturar mejor el valor de cada tonelada. En Michoacán, recuperar rendimientos en municipios de gran escala tendría el mayor efecto sobre la oferta nacional. En Jalisco, la expansión de superficie, el aumento de producción y el rendimiento estable sugieren espacio para consolidar crecimiento, aunque la reducción de precios obliga a cuidar el valor generado. En Nayarit, el reto es transformar la fuerte expansión de superficie en cosecha efectiva, rendimiento y valor económico. En los estados emergentes, el desafío es sostener sus avances. El punto decisivo para el aguacate mexicano no es simplemente sembrar más, sino lograr que cada hectárea cosechada produzca más y que ese volumen se traduzca en ingresos suficientes.

Fuente de la información

Cierres Agrícolas de la DGSIAP para 2023, 2024 y 2025


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